
De siempre el hombre en su desesperada búsqueda por el poseer, a luchado por imponerse a sus hermanos. Presa de su infelicidad, cada vez mayor por emprender empresa tan absurda como vacía, a oprimido a los que ha ido venciendo, primero trabajaban para él, más luego se les entregaba tierra para vivir a cambio del pago del diezmo al señor.
En esta relación de opresión, tan antigua como el mismo hombre, me diréis que la sufre el que la recibe, el que más esto no es todo correcto. Aunque el opresor genera la opresión, es esclavo de la misma situación. Tiene que ver al que hace daño sufriendo, sino es así, se retuerce de rabia. Está todo el día calentándose la cabeza con lo que va a hacer después.
Cada vez se siente más vació. Es esclavo de hacer daño, sufriendo cuando no lo hace, inmerso siempre en pensamientos de destrucción. Se vuelve peor que eso que llama al otro, todo despiadado, un día le da unas migajas para otro cortarle un brazo. Nada le sacia, todo le sabe a poco. Su espíritu cae en un negro abismo. Es pasto del desasosiego y la infelicidad, y la continua búsqueda de justificaciones para tan despiadadas acciones. Con este comportamiento solo experimenta rabia y violencia.
Condenado por siempre en el mal.
El oprimido vive en la pena de su condición, más esto se le pasa, pues luego disfruta sin tener nada, del aire, de la luz. Se vuelve uno con la naturaleza, es feliz en ella, podría comunicarse c0n ella, entender sus mensajes, sentir su calor, su amor. El viento se lleva todo lo malo de su cuerpo, y las preocupaciones de su mente.
El Yin Yang se expresa haciendolo feliz, entendiendo su vida, perdonando, queriendo a su esclavizador, y luchando por vencer su reacción violenta ante estas opresiones.
En ellas está la felicidad, la paz, la madre tierra que ha su hijo entrega, los resultados del campo cultivado de la mansedumbre, recordandole que todo lo tiene en la paz y que todo lo pierde en la guerra, en la reacción.
Y en esta batalla, cuyo resultado solo Diós sabe, se decanta la Vida y la Muerte todos los días.
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